5.7.11

Cuenta la leyenda que un hombre oyó decir que la felicidad era un tesoro. A partir de aquel instante comenzó a buscarla.
Primero se aventuró por el placer & por todo lo sensual, luego por el poder & la riqueza, después por la fama & la gloria. Así fue recorriendo el mundo del orgullo, del saber, de los viajes, del trabajo, del ocio & de todo cuanto estaba al alcance de su mano.
En un recodo del camino vio un letrero que decía: “Le quedan dos meses de vida”. Aquel hombre, cansado & desgastado por los sinsabores de la vida se dijo: -Estos dos meses los dedicaré a compartir todo lo que tengo de experiencia, de saber & de vida con las personas que me rodean-
& aquel buscador infatigable de la felicidad, sólo al final de sus días, encontró que en su interior, en lo que podía compartir, en el tiempo que le dedicaba a los demás, en la renuncia que hacía de sí mismo por servir, estaba el tesoro que tanto había deseado.
Comprendió que para ser feliz se necesita amar; 
aceptar la vida como viene; disfrutar de lo pequeño & de lo grande; conocerse a sí mismo & aceptarse así como se es; sentirse querido & valorado, pero también querer & valorar. Tener razones para vivir & esperar & también razones para morir y descansar.
Entendió que la felicidad brota en el corazón, con el rocío del cariño, la ternura & la comprensión. Que son instantes momentos de plenitud & bienestar; que está unida & ligada a la forma de ver a la gente & de relacionarse con ella; que siempre está de salida & que para tenerla hay que gozar de paz interior.
Finalmente descubrió que cada edad tiene su propia medida de felicidad & que sólo Dios es la fuente suprema de la alegría, por ser ÉL: amor, bondad, reconciliación, perdón & donación total. & en su mente recordó aquella sentencia que dice: “Cuánto gozamos con lo poco que tenemos & cuánto sufrimos por lo mucho que anhelamos.”

Ser Feliz, es una actitud.
“Cada hombre tiene un tesoro que lo está esperando”

No hay comentarios:

Publicar un comentario