
Cuando te preguntas por qué y no tenes respuesta no hay paz, te sientes caer al vacío, no hay pregunta que duela más que ‘por qué’. Y necesitamos entender eso que nos inquieta, nos perturba, nos genera ansiedad.
No entender nos enmudece.
Habrá que aceptar lo que no tiene explicación, eso que ocurre sin que sepamos por qué. Ese absurdo que amarga nuestra existencia, eso que nos deja en soledad preguntándonos una y otra vez por qué, por qué.
Ese sin sentido que vuelve nuestra vida irreal, ese por qué que necesita una respuesta urgente, esos por qué que desesperan. Cuando lo absurdo es tan absurdo ya nada importa.
Quizá se trata de aceptar que en la vida hay cosas que no tienen explicación… o sí.
Siempre hay que hacerle caso al corazón, ir donde él te lleve. Confiar en él. Lo difícil de hacerle caso al corazón es lo que la gente olvida mencionar: que a veces el corazón nos lleva a lugares a dónde no deberíamos ir, a lugares tan aterradores como atrayentes. Y a veces el corazón nos conduce a lugares que nunca pueden llegar a un final feliz. Y eso ni siquiera es lo más difícil. Lo más difícil es que al hacerle caso al corazón dejamos lo normal y vamos a lo desconocido. Y cuando lo hacemos no podemos regresar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario